Nuestro «Chingolo» jugó su partido más difícil, no le tembló el pulso y lo ganó

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Gustavo «Chingolo» Martínez es sinónimo de Luján de Cuyo. /Nicolás Ríos (SALTO INICIAL).
ENTREVISTAS. Gustavo Martínez, el ex jugador que supo brillar en Luján, Obras y  Talleres, hoy entrenador, hizo un repaso de su extensa trayectoria conectado con la naranja y del complejo trance que tuvo que superar hace unos meses, cuando estuvo internado durante un mes en terapia intensiva. 

En la casa de los Martínez, el deporte fue un estilo de vida. El padre de Gustavo fue integrante de la subcomisión de básquet por muchos años en el club Unión Juvenil de Luján y su hermana, formó parte del equipo femenino. Continuando con la tradición familiar, Gustavo comenzó jugando al handball federado, donde fue preseleccionado argentino, y también mostraba sus aptitudes con sus piernas en la 7ma. categoría de fútbol en Luján Sport Club.
Pero a los 15 años y por cuestiones del destino, dejó estas dos disciplinas para introducirse en el mundo del básquet. «Un día me enojé con el entrenador en el fútbol y no fui más. No estuve de acuerdo cómo se manejaban las cosas, y dejé de jugar al fútbol. Esto me valió que mi viejo no me hablara por cinco años. Por otro lado, yo era un apasionado del handball. Pero, por distintas cuestiones, las cosas comenzaron a ir de mal en peor, hasta su desaparición como disciplina dentro del Polideportivo de Luján, Hipólito Yrigoyen», agrega Martinez. Pero algo tenía que pasar. «Un día estaba en el Poli y pasó Cebolla Diblasi y me invitó a jugar al básquet. Acepté y de ahí nunca más me separé de este deporte», afirmó.
El Chingolo jugando al maxi basquet como refuerzo de la Bancaria.
Como no podía ser de otra manera, los piques iniciales los realizó con la camiseta de Unión Juvenil Luján, en donde jugó la temporada´88 -´89, además con el detalle importan que su padre era integrante de la subcomisión de básquet. La estructura basquetbolística del club lujanino transitaba su peor momento hasta producirse la desaparición total. Todos los jugadores debieron buscar nuevos horizontes. Así la vida deportiva de Gustavo Martínez continuó por tres temporadas en el Club Obras Sanitarias, hoy, Obras Mendoza.  Allí, se coronó campeón en la categoría Juveniles en una recordada final contra Andes Talleres. Desde el ’93 al ’96, la vuelta a casa se volvió hacer realidad. «Volví a Luján para disputar la Liga C» rememora.
Luego de defender los colores blancos, verde y rojo, y cuando el básquet mendocino se dividía entre Asociación y Federación, Martínez se alineó a los colores de Godoy Cruz durante un semestre, club que estuvo afiliado a la Asociación Mendocina de Básquet.
Profesores y maestro de la talla de Mónica Pozzebón, Gustavo Martínez, Silvio Sorgoni y Fabián Arancibia en una capacitación.
Corría el año ’97, y se produce nuevamente el regreso a Luján para lograr el ascenso. La alegría por el logro deportivo coincidía con sus últimas materias en el profesorado de educación física. «En el ’98 me recibo de profe y me dediqué a mi profesión y abandoné por tres años el básquet hasta que en una escuela de verano en Andes Talleres, Marcelo «Tola» Lucero me tienta para volver a las canchas y mi respuesta fue afirmativa. En el Azulgrana fui jugador y dirigí categorías formativas. Tuve la grata posibilidad de trabajar con Carlos Bouchaillot en la reconstrucción de las categorías menores del club. Fue una etapa muy linda. Le estoy enormemente agradecido a los dirigentes que estaban en ese momento de creer en mí», explica con una sonrisa enorme en su rostro.
Gustavo «Chingolo» Martínez, es sinónimo del básquetbol de Luján.
Mientras en Luján, un nuevo proyecto basquetbolístico se iba planeando para volver a colocar al equipo en carrera. El profe Gustavo Pardo ya tenía su lugar, pero faltaba el DT. Y sí, quién mejor que Chingolo Martínez para conducir al club. Por eso, desde 2005 el profe Martínez está a cargo de la coordinación del básquet, alterna conducción técnica de U15 y U17 y colocó su impronta en el primer equipo de Municipalidad de Luján en varios campeonatos. Hasta se animó a calzarse los cortos, y lució la camiseta 9 granate bajo las órdenes de Germán Andreoni. Su último partido como conductor en primera división fue contra Guillermo Cano en julio de 2018. Luego, pasaron otros entrenadores del primer equipo y en la actualidad lo dirige técnicamente Lucas López. «Estoy muy contento con que Lucas sea el DT de la primera. Yo lo tuve como jugador y es un chico responsable y muy serio en su trabajo. Le deseo lo mejor para este torneo», cierra Martínez quién continúa al mando de los U15 y U17 y como responsable máximo del básquet de la Muni de Luján.
El Chingolo junto a su familia.

El partido más difícil de su vida

A principios de noviembre del año pasado, Gustavo Martínez comenzó a transitar un complejo trance que le planteó la vida. «El 5 de noviembre nos juntamos en el Poli para jugar al básquet con unos amigos de la infancia. Jugué un rato y comencé a sentir que me faltaba el aire y se me cerraba el pecho. Pensé que era falta de estado físico. Por eso, dejé de jugar para no esforzarme demasiado y me fui a casa», relata.
Pero como la pasión por la naranja sigue intacta y la juntada con los amigos siempre es una buena excusa para el encuentro, Gustavo se calzó los cortos y la bola entró en acción. Pero, luego de una hora de juego, el episodio volvió a repetirse: dolor en el pecho, cansancio extremo y falta de oxígeno. Por eso, tomó los recaudos  del caso y finalizó el partido para él.
Histórico equipo de Luján de Cuyo que logró el ascenso con Martín Ramos como DT y Chingolo como coordinador.
Dos días después, el 21 de noviembre, luego de realizar una travesía al cerro Arco junto a su esposa y Gustavo Robert, «Chingolo» volvió a juntarse con sus amigos para un nuevo encuentro basquetbolístico.»Luego de unos minutos de jugar, aparecieron los mismos síntomas que las veces anteriores pero más acentuados. Me tiré boca arriba, luego boca abajo y sentía un dolor muy intenso en los brazos. Me fui a casa, me bañé y me senté en el living y me quedé dormido un rato. Luego llamé a mi esposa por teléfono -no estaba en casa- y le dije: me parece que me está dando un infarto. Llamamos a la ambulancia, me llevaron al Hospital Italiano y me internaron en cuidados intensivos», explicó. «Luego de una serie de estudios en los días posteriores me detectaron dos arterias del corazón obstruidas. El cuadro comenzó a complejizarse porque tuve fiebre alta y neumonía. Los médicos me dijeron que no había otra opción que realizar by-pass porque había sido un infarto. Además, me explicaron que tuve ‘suerte’ porque estaba entre el 10% de las personas que tienen un infarto y el corazón resiste, el otro 90% no la cuenta» explica Martínez.
El 9 de diciembre lo operaron (le realizaron 4 by-pass) al DT Granate y cuatro días después le dieron el alta del hospital. Luego, vino el proceso de recuperación y en el inicio de febrero recibió el alta médica para volver al trabajo.»Estoy haciendo al pie de la letra todo lo que me indican los médicos. Muy lentamente voy retomando la actividad física -caminar- y lo principal cambiar algunos modos para encarar la vida. Si te volvés loco, no la podés disfrutar», concluye. La recuperación del DT va por buen camino y los pibes granates, ya lo recuperaron como director técnico.