
ENTREVISTA. Nicolás Calandria y un grupo de amigos del barrio, se acercaron a la Unión Deportiva San José con la misión de reconstruir la identidad e historia de un club, que había sido olvidada durante muchos años. Once años después, sin lugar a dudas, cumplieron el objetivo con creces.
El inicio de una nueva década, le trajo resultados positivos a la institución de Bandera de los Andes. A principios de 2010, un grupo de pibes de 15 años llegaron al club con la mente puesta en colocar el nombre de la Unión Deportiva San José, entre los principales escalones del podio del basquet mendocino. La juventud y el entusiasmo fueron las claves para el renacimiento de una institución que supo brillar en décadas pasadas y tuvo como abanderado a uno de sus máximos ídolos: Mario «Pelado» Herrera.
«Yo llego al club porque vivo a la vuelta y porque mi familia siempre estuvo ligada al básquet y a San José», comenzó explicando Nicolás Calandria. «Mis abuelos fueron socios activos y mi viejo Enrique Mono Calandria, jugó en Primera División. El club está en el día a día de mi familia», sintetiza.

«Un día un vecino tomó las riendas del club y nos invitó a colaborar al grupo de amigos que en ese momento teníamos 15 años. El objetivo era recuperar el club con lo que pudiéramos. Cada uno de los chicos le puso mucho de sí para ayudar a la institución», agrega.
El grupo de jóvenes colaboradores se encontró con una cruel realidad al abrir las puertas del Sanjo. «En 2010 cuando llegamos el club estaba totalmente en quiebra. No había dinero ni para pagar la luz. Yo en ese momento, si bien no pertenecía a la Comisión Directiva y siendo un simple colaborador, estaba al tanto de las dificultades por las que debíamos afrontar. Llegamos a un club en donde no había actividad de básquet. Sólo había una cancha de bochas. La cancha de basquet era de baldosa, los aros no tenían redes, no había luces y el espacio se utilizaba como estacionamiento. En diciembre de ese año, la reconstrucción comenzó desde la pileta. Con los colaboradores, decidimos acondicionar la pileta y luego fuimos organizando el basquet nuevamente. Uno de los impulsores de este proyecto fue Federico Chasse, que tuvo como principal premisa reactivar la vida social. Por eso, se hizo cargo de la cantina y nos motivó siempre a los más pibes, para revertir la situación por la que estaba atravesando San José», recuerda.

«De Federico Chase, qué te puedo decir… Es un loco lindo. Lo amamos en el club», lo define entre risas. Tras un primer año de mucho esfuerzo y dedicación, pero con saldo positivo en lo que respecta a la reconstrucción de la institución, el “Santo” comenzaba a avizorar un futuro exitoso.
«En 2011 se suma Mario Díaz al club. Al principio su participación fue paulatina y nos ayudó con muchas cosas. A mediados de ese año, se convirtió en Presidente de la Subcomisión de Basquet y ahí comenzó su camino hasta llegar a la presidencia del club. Sin dudas, que ha sido uno de los más importantes dirigentes que ha tenido San José. Eso, sin olvidar a todos y cada uno de los colaboradores que lo acompañaron e hizo realidad el proyecto. Un claro ejemplo es la familia Quibar», resume.

Si bien la imagen de Nico (como se lo conoce en el club y en el ambiente basquetbolístico) se la asocia a la función que desempeña en la mesa de control en cada juego, realizó distintas tareas en el club de sus amores. «Fui secretario administrativo. Siempre estuve en la mesa de control. Al día de hoy, si bien ya no es más mi función, todavía colaboro en ese lugar porque me gusta hacerlo. Fui parte de la Comisión Directiva. Un verano también me tocó estar a cargo de la pileta cobrando las entradas y controlando que estuviera todo en orden en ese sector. Cuando jugamos la Liga, hasta fui jefe de equipo. La verdad es que he hecho de todo en San José. A nivel dirigencial, comencé como vocal. También he sido Secretario, Vicepresidente», rememora con nostalgia.

Al abrir el baúl de los recuerdos, aparecen imágenes vividas que son traducidas en palabras y compartidas. «Las recuerdo como si fuese el día de hoy. Esto nos pasó en nuestras épocas de pobreza», relata acompañado de una sonrisa. «En el primer partido del retorno del basquet al club, recuerdo que voy a la cancha con la familia Quibar. Jugábamos contra YPF. Llegamos al partido y Don Quibar le da las camisetas a cada uno de los jugadores y el árbitro no quería iniciar el juego porque no se le veían los números de lo vieja que eran -era indumentaria de los ’90 más o menos-. Así que fuimos a comprar una cinta de papel y cuando había tiempo muerto o al final de cada cuarto, nos poníamos en el banco de suplentes a darle forma a los números que tenía cada jugador. Sin embargo, no era muy efectivo porque con la transpiración nos dificultaba la labor. Fue toda una odisea completar el partido con las identificaciones de los jugadores como corresponde».

Nico Calandria comparte otro de los momentos importantes que vivió San José, en esta nueva etapa. «En el ascenso de 2012 nos quedaron un montón de recuerdos lindos, con gente que continuó en el proyecto y otros que se fueron por distintos motivos. La verdad que ese momento fue glorioso y quedó para la historia. Me quedó grabado en mi memoria todo lo que se trabajó para que el club volviera a inscribir su nombre en lo más alto del basquet mendocino. El esfuerzo tuvo su recompensa».

Además del ascenso logrado por San José en 2012, continuaron los éxitos porque el equipo se coronó campeón de la Liga C 2015 y 2016. Levantó el trofeo del Torneo Apertura 2015 en cancha de Atenas contra Rivadavia y se coronó como el mejor del Clausura 2016 siendo el Ganador Anual cuando enfrentó a Anzorena en la Federación de Box. Además, los chicos del Sanjo fueron campeones en U19 y U21.

En los éxitos deportivos conseguidos por San José en esta nueva etapa, aparecen varios nombres de técnicos y jugadores. Sin embargo, sobresale el apellido Rubia, que se metió en el corazón de cada uno de sus simpatizantes. Lucas y Facundo. El Mula y el Garza. «Con el arribo a San José de los hermanos Rubia, el equipo recuperó el alma», describe Calandria. «Al club le faltaba el alma y llegó el Mula y cuando nos faltaba el último salto de calidad llegó el Garza. Los hermanos Rubia, son el club», sintetiza.

«Este año, junto con Mario Díaz tuvimos una charla con ambos y nos decían que no sabían cuántos años más iban a jugar, que veían que ya se aproximaba el final de su ciclo deportivo. Pero, nosotros le decíamos que este proyecto se inició con ellos y va a concluir con ellos en el rectángulo de juego», explicó.

«Lucas llegó en el 2012 y la gente de San José no tenía mucho registro de él, excepto el que era seguidor del básquet. Pero, al segundo día de su llegada, cuando la gente observó que el tipo se tiraba a la baldosa para disputar una pelota, la gente se enamoró y hoy en día, más allá de que si juega o no, es el alma del equipo. Luego, del ansiado ascenso a mediados de 2012, convencimos a Facundo para que viniera al club y le dio ese salto de calidad que necesitábamos para decir: aquí estamos y vamos a apostar a lo grande. Vamos por todo».
«Ellos -por los hermanos-, venían de jugar Liga y aprendimos mucho de sus experiencias. Se convirtieron en uno más de nosotros, logrando una adaptación increíble. San José los adoptó y ellos se sienten parte de nuestra historia. Para mí siempre fue un lujo haber compartido viajes, charlas y tantos momentos gratos que nos regalaron».

Entre las cosas pendientes que quedaron por cumplir, se encuentra la participación del equipo en el ex Torneo Federal. «Al momento de la propuesta de participar del Torneo Federal, dudamos si lo podíamos afrontar por los altos costos que eso representa. Decidimos no entrar. Es como que quedó una deuda pendiente, pero tal vez más adelante podamos llegar a participar. Todo dependerá de la realidad económica del momento» explica.
Nicolás Calandria nombra cuatro pilares en los cuáles se sustenta su amor incondicional por la institución. «San José es todo: familia, amigos, barrio, pasión. Me genera mucho orgullo ver todo lo que hemos logrado durante estos años, con Mario Diaz a la cabeza. Es el mejor presidente de la historia, de eso estoy seguro», asevera.

«La verdad que es un lujo ser reconocido por todos los integrantes de San José y que te digan: Mirá este es el hijo de o el nieto de Calandria, sin dudas, que es un lujo», repite.
Atrás quedó la antigua cancha de baldosa que no tenía iluminación ni redes en los aros y era una improvisada playa de estacionamiento. Hoy, gracias al esfuerzo de muchos colaboradores, el panorama cambió radicalmente. El piso de parquet, las nuevas tribunas, el palco de prensa, y el nombre del remodelado estadio en homenaje a un ilustre jugador que quedó inmortalizado en el gran cartel azul y blanco que recibe a cada uno de los visitantes: Mario «Pelado» Herrera.

Nicolás Calandria y sus amigos lo hicieron posible. El sueño del pibe se hizo realidad.












