
Con la pluma de nuestro de periodista y amigo Daniel Ferrari, continuamos con la publicación de cuentos. Nuestro rincón “Salto Literario”, saltó al parquet una vez más. A disfrutarlo…
El entrenamiento estaba en su puntos más intenso. Piques cortos, piques hasta la mitad de la cancha y la voz de profe dando indicaciones le ponían ritmo a los juveniles cuerpos de los U13.
Entre aquél pique largo y rápido desde el fondo de la cancha hasta el regreso de un movimiento muy lento de los pies hasta la posición original, Juan levantó la cabeza y lo observó detenidamente. Allí, en las escalinatas solitarias de un costado de la cancha estaba ese hombre sentado mirando lo que sucedía en el rectángulo de juego. Tenía un rostro casi sin expresión, con ojos hundidos y con movimientos muy lentos.
Unos minutos antes de concluír la práctica, Juan volvió su mirada hacia ese costado de la cancha y aquél extraño ya había desaparecido de la escena. Los jóvenes se fueron a bañar y luego cada uno se retiró a sus domicilios.
En el entrenamiento del día siguiente, Juan tras ver la misma imagen del día anterior, le preguntó al oído a su compañero de actividades: «¿y ese hombre quién es?
-No sé respondió escuetamente como no interesándole lo que ocurría fuera de las líneas de la cancha. Juan, continuó observando al sujeto que en muchas oportunidades miró con atención lo que ocurría en el escenario basquetbolístico y en otros tantos pasajes, clavó su mirada en un punto fijo como buscando explicaciones a algo..
Juan no se quedó con la duda y cuando pasó cerca del profe, interrumpió sus órdenes y le pregunto sobre la presencia de aquélla singular persona. El profe miró con admiración a Juan y respondió. «la verdad que ni idea quién es. No será el padre de algunos de los chicos repreguntó volviendo a centrarse en los ejercicios que impartía. Mientras los diálogos se sucedían, el hombre se preparó muy lentamente para emprender el retorno a quién sabe dónde. Tomó algo, que tenía en su rodilla derecha que observó, como una imagen o una hoja, la que lentamente dobló, besó y guardó en el bolsillo de su gastado jean. Luego, miró por unos segundos al cielo y retornó su triste mirada al suelo. Agachó su cabeza y sus lentos pasos le fueron marcando la partida.
Juan asombrado, no podía entender el cuadro que veía y las preguntas a sus compañeros no cesaban intentando buscar una explicación a la presencia de ese hombre.
En el entrenamiento del miércoles, la particular visita no acompañó a los U-13. Pero sí dijo presente, el jueves por la noche.
A esta altura de los hechos, Juan ya había consultado, no sólo a sus compañeros, sino que al resto del club, y nadie le brindó datos sobre ese hombre. «No tengo idea de quién es» fue el denominador común que Juan encontró entre los consultados.
Como una repetición de los hechos, esa figura desgarbada retorció un poco su cuerpo y lentamente se acomodó sobre el escalón de siempre, ese que ya parecía serle asignado. En la cancha, el entrenamiento se desarrollaba con intensidad y los ejercicios permanentes, no daban respiro a los jóvenes cuerpos.
Juan inquieto, mientras su cuerpo respondía a las consignas impartidas por el profe, su mente comenzaba a idear encontrarle respuestas a la presencia del hombre en los entrenamientos del U-13.
Así, fue que antes de finalizar la práctica y minutos antes que la imagen del hombre se fuera perdiendo entre la oscuridad de la noche, Juan decidió acercarse y sacarse las dudas que lo invadían.
Al llegar cerca de su humanidad, con una voz tímida Juan expresó: «buenas noches señor». El hombre, giró su cabeza buscando esa voz y respondió: «hola».
«Disculpe la pregunta, no quiero molestarlo, pero me produce curiosidad el verlo casi todas las noches en los entrenamientos. Es papá de algún jugador de nuestro club o de la U-13? El hombre contestó con su cabeza la cuál movía de un lado para otro como respondiendo con un rotundo NO y mirando el suelo. Cuando levantó su mirada y observó a Juan, sus ojos se inundaron de lágrimas que comenzaron a recorrer los surcos de su avejentada imagen. Luego, sin palabras sacó la foto del bolsillo derecho de su gastado Jean, la acarició con sus gastadas manos y luego de unos segundos, tomó aire y dijo: «este era mi hijo Carlos. Él estaba por cumplir 13 años y jugaba al básquet. Tenía toda la ilusión de ser un gran jugador cuando el destino me lo arrebató y se lo llevó para siempre. Murió hace unos meses.
Juan asombrado por la historia que estaba contando el hombre, sólo lo observaba con atención.
-«Por eso, vengo a los entrenamientos para observar a esos jugadores que me hacen acordar a mi hijo. En ustedes, veo la sonrisa pícara de esos chicos con aspiraciones adultas, la inocencia y la responsabilidad conjugadas en cuerpos jóvenes. La ilusión de ser grandes personas y jugadores. La vitalidad y la lucha por la vida. En cada uno, observo y trato de recuperar en cierta forma a mi Carlitos» entendés ahora de por qué de mi presencia.
Juan, se tomó unos segundos para responder mientras sus ojos se ponían cada vez más brillosos, luego de oír la triste historia.
-Si por supuesto que entiendo. Y le agradezco por haber confiado en mí y haberla compartido.
El hombre, se secó algunas lágrimas, miró fijamente a Juan y le preguntó; ¿Te puedo dar un abrazo?
-Claro. Con un fuerte contacto con sus cuerpos concluyó la conversación mientras con cara de asombro, el resto de los compañeros de Juan observaban la escena desde la mitad de cancha.
Fue una despedida distinta para ese hombre que se retiró de la cancha con otro ánimo y para Juan que le transmitió a sus compañeros, la conversación que mantuvo con ese desconocido.
Al entrenamiento siguiente, el hombre estaba allí como siempre. Juan se acercó y lo invitó a que se acercara dónde estaba el resto del equipo. En el círculo central, todos sus compañeros desplegaron una bandera gigante que decía: «Hay equipo. Bienvenido Carlitos». Una forma de rendirle homenaje a su memoria.

El hombre no pudo evitar la emoción por la sorpresa y una gran sonrisa se adueñó de su rostro.
-«No tengo palabras para agradecer este gesto chicos. De alguna manera, mi hijo no solamente estará en esta foto, sino también entre ustedes» concluyó.
Un ramillete de manos, se juntó en mitad de cancha y tras una fuerte arenga se escuchó: «por el básquet, por Carlitos, por la vida…hay equipo»












