El deporte te forma como ser humano

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Con la pluma de nuestro de periodista Daniel Ferrari, arrancamos la publicación de una serie de cuentos. Nuestro rincón «Salto Literario», salta al parquet.  A disfrutar…

El amor por la naranja se hacía visible en todas partes. Al ingresar al comedor de su casa, en la pared que le corresponde al sentimiento basquetbolístico, están enmarEcadas dos de las camisetas que vistió a lo largo de su carrera, al gran armario marrón lo visten un sinnúmeros de trofeos y copas que consiguió Juan al cabo de sus tres décadas como jugador en la máxima categoría. En el pasillo, una foto tamaño natural de Michael Jordan con la pelota bajo su brazo derecho decora el paisaje. Adentrándose en el dormitorio, el velador del costado izquierdo de la cama matrimonial, es una pelota naranja con un gran foco que no hace más que reflejar el sentimiento de este fanático.

La noche anterior su esposa le dio la novedad que estaba embarazada. Luego de unos segundos en donde quedó sin reacción y casi sin aliento, comenzó a festejar emulando la final del aquél Clausura de finales de los ’90 donde su equipo se quedaba como el mejor en forma invicta. Cantó al mejor estilo de la hinchada coreando el nombre de él y su esposa. Tomó por la cintura a su gorda, y los dos dieron una especie de vuelta olímpica alrededor del santuario basquetbolístico.

Toda la emoción del matrimonio se manifestó a través de pequeñas pero incesantes gotas cristalinas que salían de sus ojos y se desplazaban por sus mejillas mientras Juan miraba al cielo en forma de agradecimiento por la noticia.

Antes de cerrar los ojos y darse mutuamente el beso de las buenas noches, Juan acarició el vientre de su esposa y expresó: «va ser un gran jugador de básquet».

Con la ilusión a cuestas y la alegría a flor de piel, al día siguiente fue a una casa de deportes y compró toda la indumentaria del jugador de básquet para bebé, por supuesto. La alegría la compartió con sus padres, sus suegros y el resto de la parentela se fue enterando que la familia se agrandaba, a medida que transcurrieron los días.

A la noche, en la juntada con los muchachos del club, Juan con una amplia sonrisa comunicaba la llegada del » nuevo jugador».

-Ya tenemos el base que nos estaba faltando, sentenció Osvaldo, que con una copa de vino en su mano brindó por la noticia.

-Me imagino que se irá a llamar Emanuel o Michael se escuchó decir al presidente del club que prometió hacerlo socio vitalicio apenas llegue a este mundo.

Los meses pasaron y al aproximarse la llegada de…

Respecto al nombre, no sólo los papás tenían una lista interminable de opciones sino que además, familiares, amigos y gente del club ya habían buscado identificación para el primogénito/a de Juan y Cecilia.

Como regalo de Navidad, siendo las 0.01 del 25 de diciembre llegó al mundo Juan Carlos. Con un peso de casi tres kilos y unos cuántos centrímetros de largo, el recién nacido con sus llantos se hizo sentir en todo el sanatorio mientras que en el exterior, el cielo se adornaba con fuegos articificiales y las copas se llenaban con esperanzas de paz y felicidad.

Juan observaba con atención a su hijo mientras en la cabecera de la cuna, acomodaba la ropita del futuro jugador de básquet y la Molten Nº1 que se movía de un lado a otro y en algunas ocasiones, reposaba por unos segundos, junto a la cabeza del pequeño.

El tiempo pasó y apenas Juan Carlos comenzó a dar los primeros pasos, su papá orgulloso lo llevó al club, con todos los atuendos correspondientes a un jugador de básquet, y acompañado por la bola naranja. Así transcurrieron partidos y partidos, campeonatos más campeonatos. Cuando Juan Carlos logró una cierta estatura y logró estabilizar definitivamente su cuerpo, mientras su papá observaba el partido, un grupo de chicos lo invitaba al pequeño a realizar lanzamientos a un aro que estaba al costado de la cancha. Juan Carlos luego de recibir el balón, se abalanzaba sobre un costado, al mejor estilo de un arquero de fútbol. Desde la tribuna, Juan observaba de reojo la actitud de su hijo.

Con el paso del tiempo, mientras Juan veía en la TV el partido de los Spurs, Juan Carlos estaba conectado a sus auriculares siguiendo paso a paso las instancias del partido del domingo y buscando en la web información sobre la historia de los grandes arqueros del fútbol argentino.

El futuro deportivo de Juan Carlos estaba definido: quería ser arquero de fútbol y no basquetbolista como pretendía su padre.

Un día Juan Carlos, salió de su habitación vestido de arquero y con un fútbol 5 bajo el brazo. Al pasar por el pasillo, antes de ingresar al comedor, el pibe se persignó haciendo de cuenta que iba a ingresar al campo de juego.

Al estar junto a sus padres, la admiración fue el común denominador en Juan y Cecilia.

-Sí yo sé que ustedes o por lo menos vos papá, hubieses querido que fuese jugador de básquet. Pero me incliné por el fútbol y ser arquero es mi gran sueño dijo con voz firme Juan Carlos.

-Juan se tomó unos segundos para reaccionar -como si pensara la respuesta- y luego comentó:» si es verdad hijo eso lo que me imaginé apenas supimos que llegabas a este mundo. Sin embargo, respetamos con tu madre la decisión. Lo importante es que vos hagas un deporte como parte de tu formación como ser humano»

Es más agregó Cecilia, te vamos a apoyar en tu decisión y tu padre te hará un lugar en el armario para que coloques cosas referentes al fútbol, cerró su madre.

Luego de un abrazo entre los tres, Juan Carlos trajo un par de guantes y los pósters del Pato Fillol, el loco Gatti y el mono Navarro Montoya que se fueron sumando al entorno basquetbolístico.

Los padres cumplieron con la promesa de acompañar a Juan Carlos y lo hicieron a cada cancha donde jugaba. El aguante familiar se hizo presente siempre, en las buenas y en la malas, mucho más.

En retribución, Juan Carlos un día preguntó a su padre cuál era el próximo partido de su equipo de básquet.

-Próximo miércoles 21.30 jugamos, respondió Juan.

Al llegar el miércoles y luego del exigente entrenamiento con los arqueros del club, Juan Carlos llegó a casa, se bañó y luego de cambiarse dijo: «vamos viejo te acompaño a la cancha». A Juan se le iluminó la cara de pensar que iba a compartir junto a su hijo, el encuentro de básquet.

En el camino y durante toda la velada, el fútbol y la bola naranja fueron los temas de conversación por los que transitó la noche.

El próximo partido que compartan Juan y su hijo será en un cancha decorada con el verde césped o en una con un lustrado parquet.

Hasta el próximo partido…