Los secretos del duro maestro de la Generación Dorada

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Histórico festejo de la Argentina ante EEUU en el Mundial del 2002 en Indianapolis

SELECCIÓN ARGENTINA. Rubén Magnano admite la exigente fórmula que no negociaba con las figuras argentinas y desmenuza por qué en 16 años no volvió a dirigir a la Selección. Analiza la clave para que Argentina repita el éxito.

2003. Puerto Rico. Lobby del hotel donde concentran las delegaciones del Preolímpico clasificatorio para Atenas 2004.

Algunos de los jugadores de la Generación Dorada ya se reunieron en una habitación y están decididos a decirle a Rubén Magnano que no quieren ir al entrenamiento pautado para esa mañana. Entonces, mandan al jefe de equipo para que se lo informe al entrenador.

Los chicos dicen que están muertos del juego de anoche. Creen que es mejor descansar. Piden que suspendas el entrenamiento.

-Deciles que los espero en el micro. En cinco minutos la puerta se cierra y yo arranco con los que estén arriba.

Así, sin debates ni explicaciones, el entrenador subcampeón del mundo contestó y enfiló hacia el colectivo que estaba por salir al Coliseo Roberto Clemente. Una anécdota que resume la hiperexigencia que tenía Magnano con aquel grupo de talentosos jugadores. El cordobés sabía que la camada tenía mucho potencial y pensaba exprimirla al máximo. Hoy, 17 años después, el cordobés que guió al mejor equipo argentino de siempre recuerda la historia. “Tengo presente el momento, aunque no con la precisión tuya… Pero sí recuerdo que el problema fue por un entrenamiento de la mañana. No sé cuántos estaban molestos, pero yo tenía que pensar en el equipo. Para tomar decisiones, yo siempre me sentaba con mi cuerpo técnico entero, escuchaba y resolvía. Los entrenamientos matutinos siempre eran difíciles, pese a que no eran de parte física, pero si yo consideraba que eran útiles para el equipo, se hacían. Hay cosas que yo no negociaba”, explica Magnano. Aquel torneo no fue nada fácil. En todo sentido. Argentina venía de sorprender al mundo en Indianápolis y debía ratificar. Había presión por lograr uno de los dos pasajes (NdeR: uno, se descontaba, era para Estados Unidos con sus figuras de la NBA) y, además, el ambiente grupal no era el mejor luego de una gira por México que Magnano califica de inhumana. Sin embargo, el coach no cedió. Como era su estilo. “Lo que hubo fue un choque de conceptos y visiones. Pero el objetivo, conseguir el pasaje para los Juegos, se consiguió. Si bien perdimos con Venezuela y México, algo que tal vez no estaba en los planes, les ganamos a los candidatos y clasificamos”, recuerda en un extenso mano a mano con Infobae.

Argentina recibe la medalla de plata en el Preolímpico 2003 (FOTO: EFE)

-Hoy, tantos años después, ¿cuál sentís que fue tu mayor aporte a la Generación? ¿Esa exigencia que moldeó a un grupo talentoso?

-Sí, tal vez una forma de direccionar un trabajo, una conducta, valores que sostuve todo el proceso y no negocié. Mis ocho años previos como asistente (NdR: de Guillermo Vecchio y Julio Lamas) me permitieron desarrollar una capacidad de percibir actitudes y luego tomar decisiones. Consideré que lo fundamental era generar un marco de equidad muy arraigado, que el esfuerzo fuera de todos, sin concesiones. Y eso se contagió. Los jugadores estuvieron muy involucrados, porque ya eran conocedores de que el camino era ése. Hubo mucha humildad, solidaridad e inteligencia de estos muchachos. Supieron dar todo, el 100%, más allá de esos choques de visiones… Y así se forjó una identidad, una forma de hacer las cosas. Está claro que el camino fue duro, pero si es duro y se llega a lo que logramos, siento que ha valido la pena.

-¿Y qué piensa el Magnano de 65 años de aquel DT joven y tan exigente? ¿Hay otro técnico?

-Es probable, seguramente me he reinventado en la conducción. Uno siempre tiene aprendizajes y en mi caso ha sido escuchar más. Quizás, en su momento, esa característica no lo desarrolle al 100%. Sucede que yo apunto mucho a la preparación del equipo. Para mí hay que llegar al 100% a los partidos y eso incluye darles todas las herramientas a los jugadores. En estos torneos de pocos días suceden esas mañanas, de saturación mental, por el cansancio de los jugadores. Pero yo, cada cosa que hice, siempre fue pensando en lo mejor para el equipo. En eso estoy tranquilo.

Con Tolcachier como parte del cuerpo técnico de Argentina, el Oro en Atenas 2004.

Cuando Magnano dejó la Selección, tras ganar el oro olímpico, hubo una sensación de alivio entre los jugadores, algunos de ellos saturados por la exigencia del DT, pero con el tiempo el reconocimiento ha sido unánime. Incluso uno de ellos, Ale Montecchia, tuvo la deferencia de mandar a hacerle una réplica de la medalla de oro olímpica (NdeR: la organización no les entrega a los técnicos) y varios, públicamente, se han deshecho en elogios. Cuando a Rubén se le recuerda esa devolución de los jugadores, se nota la emoción a través del teléfono. “Esa gratitud habla de la grandeza de los personajes. Más allá del nivel al que llegaron y de los disgustos que pueden haber tenido por los sacrificios realizados, esa gratitud es lo que queda. Y es lo que me llena de orgullo. Lo mismo que esos esfuerzos, algunos inentendibles para ellos por lo duros que eran, hayan terminado con logros, que se haya entendido que el objetivo se cumple respetando las normas, y que la meta haya estado por encima de la incomodidad de una de las partes…”, se sincera.

-¿Y qué te sugiere si te digo 4 de noviembre de 2004?

-(piensa) No soy bueno para las fechas.

-Fue tu último día como DT de la Selección argentina.

-Sí, lo recuerdo ahora que me decís. Yo renové luego de los Juegos, pusimos una cláusula de salida por si aparecía una oferta de Europa. Y llegó, del Varese de Italia… La utilicé y me fui.

-Pasaron 16 años, ¿es mucho, no? No volviste nunca más a dirigir la Selección, pese a ser el entrenador más exitoso de la historia. ¿Te dolió?

Me pareció poco considerado, realmente. Por todos los años que pasé en la Selección, 12 entre asistente y coach principal. No digo que me tuviera que haber elegido, pero sí al menos tenido en consideración. Cuando el cargo pasó de full a part time yo hablé con la dirigencia del Varese y había un acuerdo para que yo pudiera dividir mi tiempo con la Selección… Pero ni siquiera estuve entre los tres candidatos para el cargo. Y eso me pareció desconsiderado.

-¿Por qué pensás que primero Brasil, por seis años (2010-2016), y ahora Uruguay (del 2019 a hoy), te han buscado, pero eso nunca volvió a pasar desde la Confederación Argentina?

Me encantaría tener la respuesta, me dejaría más tranquilo realmente… Porque si uno sabe el motivo puede permitirte algún aprendizaje. Pero lo desconozco. Yo no tomo las decisiones, habría que preguntarle a quién las tomaba.

-¿Estuviste prohibido?

-No tengo idea.

-Intento pensar motivos en voz alta y se me ocurren dos cosas: tu exigencia que se popularizó casi como algo extremo y tu edad, quizá pensaron que estabas grande y no aggiornado.

-No tengo idea. Si es por la exigencia, me parece excelente que no me hayan elegido. Brillante. Porque la exigencia del trabajo yo no la negocio.

-Tal vez las nuevas camadas de jugadores soportan menos la exigencia y los dirigentes tuvieron miedo de que tu estilo chocara con los más jóvenes…

-Bueno, ahí está la capacidad de los dirigentes de discernir de lo que es más conveniente y tomar decisiones en consecuencia. Por lo pronto, debo decir que no les ha ido tan mal con sus elecciones. En estos años se ha visto un trabajo brillante.

-Quizás, entonces, no hubo lugar para vos porque tus sucesores fueron muy buenos.

Eso no se discute. Los que siguieron son excelentísimos entrenadores. Todos. Y lo han mostrado, en el trabajo y en los resultados. Y por eso quiero aclarar que esta incomodidad que sentí no tiene nada que ver con el concepto que tengo de los entrenadores. Y ojo, tampoco estoy enojado porque no me hayan elegido, sólo no me gustó ni siquiera ser tenido en cuenta…

Los cuatro DT de la Generación Dorada (FOTO: LA VOZ DEL INTERIOR)

-De hecho, hace poco, el canal TyC Sports juntó a los cuatro entrenadores que estuvieron casi 30 años al mando del seleccionado y salió un programón. Vecchio, Lamas, Hernández y vos contando anécdotas, con gran afinidad y respeto, sin que nadie quisiera demostrar ni sobresalir por lo que hizo en su etapa. ¿Qué sentiste, cómo fue ese reencuentro?

Sentí un gran orgullo. Sin dudas. Primero haber compartido antes con ellos, que Vecchio me haya elegido como primer asistente, que Lamas me haya elegido como primer asistente… Yo no me olvido. Creo que la gran virtud de todo este proceso, más allá de las formas, las personalidades y los estilos, fue que todos bregaron por la salud de la Selección. Cada técnico logró que la Selección estuviera por encima de todo. Vos fíjate que es muy raro encontrar conflictos en el período. Hubo pero fueron muy esporádicos. Una muestra clara de la inteligencia en la conducción, de una capacidad para resolver problemas de la puerta para adentro.

-¿Por qué en el básquet se ha dado, en estas décadas, esta alternancia con tanto respeto y valoración? En otros deportes no ha sucedido, quizá por un tema de egos.

El ego está, siempre, pero ¿sabés que no hubo nunca? Envidia. Por eso hablo de la salud del seleccionado. Lo que pasó yo lo comparo con un posta de 4×400, nos fuimos pasando el testimonio y cada uno fue construyendo desde allí. Por suerte, los entrenadores de básquet en el país han vivido un proceso ético muy importante que permitió que se creara una identidad. Y esto se logró sin siquiera hablarlo, con actitudes que marcaron el camino. Así fuimos dándole una forma y una personalidad a nuestra Selección. Y todo nace del club de barrio, de los valores. Porque todos nosotros hemos sido entrenadores de clubes.

-¿Y qué pensás de esta nueva generación? ¿Esperabas una camada tan buena y tan rápido? ¿Ves valores que hayas notado en la GD?

Yo creo que no hay que comparar. Estos muchachos, sacando Scola, no merecen llevar la mochila de la comparación que les colgaron por años. Ahora, tras el Mundial, se han liberado, mostrando un carácter como equipo, siendo extremadamente agresivos. Como hincha, me hicieron sentir muy orgulloso. Y esto es el resultado del trabajo que se hace en todo el país y además de que los jugadores, cuando llegan a la Selección, ponen su talento a disposición del equipo. Es el gran secreto. Conocí equipos con grandes talentos que no lograron nada. No es sencillo hacerlo.

En Indianapolis la Selección Argentina le ganó a EEUU. Primera derrota para un equipo con jugadores NBA (FOTO: DIARIO OLE)

-Tu Selección sorprendió al planeta con el subcampeonato en el Mundial 2002 y luego ganó el oro olímpico, dos años después. Ahora se plantea la misma situación, de tener que ratificar. ¿Es utópico pensar en una medalla en Tokio ahora que se jugará en 2021, con un contexto aún más difícil, o con lo que se hizo en el Mundial se puede volver a repetir un logro histórico?

Se puede, aunque no es sencillo. De momento que haya un precedente quiere decir que se puede. Yo sé, porque lo viví, que en Tokio los otros equipos no van a enfrentar a la Argentina sino al subcampeón del mundo. Esto exigirá que el seleccionado realice una preparación inteligente y que además pueda contar con todas sus partes esenciales para afrontar un torneo todavía más complejo que el Mundial. Hay que ponerse un poco en la vereda de enfrente y ver cómo nos ven. Y conseguir las herramientas mentales para enfrentarlo. Argentina ya no será sorpresa. Costará todo más. Pero esta Selección tiene el talento. Puede hacerlo como lo hicimos nosotros.

FOTO: EL INTRANSIGENTE

Magnano mantiene su esencia. Su seriedad, tranquilidad, humildad, simpleza y cautela se mantienen inalterables. Pero el tiempo le ha dejado aprendizajes. Uno de ellos ha sido el tiempo que piensa dedicarle a su profesión, con un momento bisagra: el embarazo de su hija Sofía, quien dio a luz a Bruno, el nieto tan esperando por Rubén y su mujer. Privilegiar estar más tiempo en Córdoba, cerca de los suyos, condicionó su trabajo. Y por eso, principalmente, no llegó a un acuerdo con ninguno de los clubes de Liga Nacional que le hicieron ofertas. “Algunas hubo”, admite, sin dar nombres de clubes, y aclarando que el calendario exigente de la LNB fue otro detonante en su negativa. Entonces, quizá cuando menos lo esperaba, le llegó la propuesta que mejor se acomodó a su realidad. Luego de dirigir a la selección de Uruguay en las ventanas clasificatorias para el Mundial (sin alcanzar el objetivo), la dirigencia charrúa le planteó la idea de sumarlo como director de selecciones nacionales. Para que hiciera un trabajo más abarcativo, desde las divisiones formativas hasta el seleccionado superior. Y el cordobés dio el sí.

-¿Por qué aceptaste este cargo, sabiendo que tendrías que dejar de ser entrenador?

-El tema familiar no fue menor, porque el básquet me ha dado mucho, pero me ha impedido vivir cosas en familia y ya no estoy dispuesto a pagar ese precio. Esta nuevo rol me permite estar más en casa, con los míos, y eso resultó muy importante. Luego tuvo que ver con una idea conjunta con la dirigencia uruguaya de cambiar un panorama que vive el básquet allá. Me brindó mucha confianza y libertad para hacer lo que considero. Así me decidí por este cambio.

-¿Y cómo viene ese cambio? ¿Qué modificaciones sentís que necesitarás hacer para cumplir con este nuevo rol en tu carrera?

-Sí, es algo novedoso para mí y lo estoy viviendo con curiosidad, intentando descubrir este nuevo mundo. No es una situación fácil. Ni cómoda. Debo aprender a dejar de ser el entrenador, a sacarme un poco el DT de adentro, tener una mente mucha más fría y objetivo. Es un proceso interno que me genera muchos desafíos y la incertidumbre de saber si voy a estar a la altura.

FUENTE: JULIAN MOZO – INFOBAE