Acordate lo que me prometiste, viejo

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El papá y la mamá solo tienen que ir a apoyar y alentar a su hijo, no a insultar (FOTO: TN.COM.AR)

Con la pluma de nuestro de periodista y amigo Daniel Ferrari, continuamos con la publicación de cuentos. Nuestro rincón “Salto Literario”, saltó al parquet una vez más.  A disfrutarlo…
El DT observó que los movimientos de Juan no eran los mismos de entrenamientos anteriores. Parecía como estar físicamente en la práctica, pero mentalmente en otro lado. Disperso. Incluso falto de concentración ya que cada vez que el profe indicaba un cambio de ejercicios, el joven tardaba unos segundos más respecto de sus compañeros, para cambiar de ejercitación.
Una vez finalizado la parte física, los conductores técnicos dieron comienzo al entrenamiento con la bola que tomó protagonismo exclusivo en la calurosa tarde. En esta segunda etapa de trabajo, Juan también evidenció ciertas distracciones ya que cada vez que sus manos tomaban contacto con la pelota, la naranja se terminaba yendo lejos de su humanidad o no era sujetada con fuerza como pretendía el cuerpo técnico.
Los constantes yerros de Juan no pasaron desapercibidos y el profe con voz contundente y firme expresó: “Vamos, vamos. Tomamos la pelota con fuerza cada vez que recibimos para defender la posición” acompañando su mirada hacia el pibe, que se avergonzaba. Los colores rojos en forma circular se apoderaban de sus mejillas.


El doble silbato del profe significó el inicio del tercer y último segmento de la práctica del martes: la parte más divertida del entrenamiento, el partido de cinco contra cinco. Ya a esta altura, la cara de Juan evidenciaba desgano y deseos que el entrenamiento finalizara lo antes posible.
La gota que colmó la paciencia del DT respecto a los movimientos débiles y escasos que el pivot exhibía en el rectángulo de juego fue cuando el chico recibió un correcto pase de su compañero, pero la pelota se coló entre sus manos y se fue como pidiendo permiso a descansar fuera de los límites de la cancha. El conductor táctico fue tajante y dijo: “Juan te vas del entrenamiento, Me cansé. Has venido a entrenar o qué?. Tu falta de compromiso es una falta de respeto para tus compañeros que se esfuerzan para cumplir con la práctica”.
Las palabras del hombre de buzo azul, silbato colgando y tablita en mano resonó en el vacío del estadio y con mayor intensidad en los oídos de Juan, que sin mediar palabra buscó rápidamente el vestuario y luego el regreso a casa. El entrenamiento del día siguiente fue una continuidad del dia anterior. Con la salvedad, que por momentos, Juan intentaba revertir el panorama pero no encontraba respuestas en sus torpes movimientos.
Pasó el jueves, viernes y no hubo variaciones. Incluso en la última práctica de la semana, el chico se retiró minutos antes de lo programado acusando un fuerte dolor de estómago.


Llegó el partido del sábado y Juan llegó a la cancha acompañado de su padre. El hombre se colocó de la tribuna que da a la entrada principal del estadio.
Comenzó el partido, y el hombre con voz gruesa se hizo sentir a lo largo del encuentro. A medida que se iban consumiendo los minutos, la verborragia del aquél hombre iba en aumento y utilizando improperios hacia los rivales, el propio equipo de su hijo y hasta los jueces del encuentro.
“Pendejo sos un muerto. Mirá el doble que te perdés” comentó cuando el 12 del conjunto local no realizó bien la entrada en bandeja. Caminó y el juez sancionó.
En otra oportunidad, al 5 visitante fue al límite con la marca y tras la sanción arbitral, retumbó en el estadio: “Pibe, eso es lo que te enseñan los entrenadores. Esto es básquet, no rugby”.
A esta altura de los acontecimientos, algunos padres ya habían advertido al maleducado hombre que controlara sus impulsos y depusiera su negativa actitud. Lejos de guardar la compostura, el padre de Juan cada vez tomaba más lamentable protagonismo.
“Pibe si vos sos el base, yo soy Ginóbili”, expresó cuando el 4 de camiseta azul, no coordinó bien sus movimientos y terminó cometiendo doble. Ante estos hechos, el DT de Juan, que ya venía advirtiendo las desacertadas intervenciones de este hombre -venía de varios encuentros con esta repudiable actitud-, le terminó de encontrar explicación al por qué de la conducta del joven pivot. En la recta final del partido, uno de los jueces paró el partido. Llamó al comisario deportivo el cuál intentó calmar los descarrilados ánimos del sujeto. Lejos de lograrlo, de su boca salieron los más repudiables insultos hacia las máximas autoridades. Los árbitros lo expulsaron de la cancha. Tras esta determinación, el individuo entró en cólera e intentó ir en búsqueda de los jueces para agredirlos físicamente. Episodio lamentable. Mientras gran parte de los jugadores, ambos cuerpos técnicos estaban atentos de lo que sucedía en la tribuna, Juan se fue al otro extremo de la cancha, y dándole la espalda a la realidad expresó toda su bronca, dolor e impotencia con grandes lágrimas que se desparramaron por su rostro durante largos minutos.


El partido fue suspendido a falta de 2′ para la chicharra final por los incidentes protagonizados por el Sr. Gómez…fue parte del informe de la planilla de juego que firmaron los hombres de gris.
Al día siguiente, y cuando las aguas turbulentas de la jornada anterior se iban calmando, el DT de Juan llamó a su casa y pidió hablar personalmente con el Sr. Gómez.
El progenitor atendió al entrenador, el cuál citó el lunes a la hora del entrenamiento a hablar sobre lo sucedido.
Llegó la hora de comenzar el primer entrenamiento de la semana, y Juan acompañado de su padre arribaron a la cancha.
El profe, mientras terminaba de distribuir los conitos en la mitad de cancha para dar inicio a los primeros movimientos, los chicos se terminaban de cambiar. Mientras el DT, buscaba un lugar en el vestuario para mantener la charla con el padre de Juan.
“Sr. Gómez yo necesito hablar con Ud. por los lamentables hechos que vienen sucediendo partido tras partido, y que terminaron con los repudiables hechos del sábado”, comenzó diciendo el DT, mientras que el padre de Juan mirando al piso, escuchaba atentamente.
“Estas reacciones suyas, no le hacen bien a nadie, sobre todo son negativas para su hijo. Juan, que sobre todo, esta última semana, estuvo muy disperso en los entrenamientos. Y sabe por qué?”
“No” fue la respuesta muy suave y balbuceando de Gómez.


“Porque su hijo siente vergüenza del comportamiento de su padre”. Gómez abrió los ojos como queriendo entender mejor el duro mensaje del DT. “Sí, aunque parezca increíble, el chico no puede manejar el mal momento que vive cuando Ud. insulta a sus compañeros, rivales e intenta agredir a los jueces. Por eso, lo manifiesta no solo a través del desahogo de las lágrimas sino que la tristeza se va apoderando de su alma y mente para verse reflejada en el resto de sus actividades. En el colegio, no creo que esté rindiendo al ciento por ciento”. A las palabras del DT, la acompañaba el constante y débil goteo de una ducha que había quedado mal cerrada. Gómez, era la imagen de un niño al cuál lo están reprimiendo, sólo se dignaba a escuchar y trasladar su mirada sin destino. Continuó hablando el DT: “Sr. Gómez, esto es básquet y como todo deporte, los encargados de formar jugadores y personas, enseñamos además de la parte técnica, los valores que no sólo les van a servir a los futuros hombres para este ámbito, sino para que se puedan desempeñar en la vida misma. Por eso, los insultos y la falta de respeto hacia cualquier persona, no hacen más que enviar un mensaje negativo a los jóvenes y malformar su personalidad. Por eso, le pido que logre reveer su mal comportamiento en los estadios. Por el bien de su hijo, de sus compañeros y todos los integrantes del básquet en general”.
Gómez levantó su vista hacia el DT: “La verdad que siento mucha culpa por lo que protagonicé. Le pido disculpas a todos los que ofendí con mi desafortunada actuación. Yo le agradezco sus palabras profe” cerró el padre de Juan. Con un fuerte apretón de diestras finalizó la extensa y constructiva charla.
Gómez esperó que finalizara el entrenamiento de su hijo y caminó a casa le comentó lo que había hablado con el DT y que le pedía disculpas por lo sucedido. Le prometió que iba a revertir la situación y que nunca más volvería a cometer un acto tan imprudente como el ocurrido el último sábado haciendo sentir tan mal a todos los presentes, en especial, a vos Juan. El chico, sin mediar palabra, se fundió en un abrazo con su progenitor.

FOTO: AP Photo/Elise Amendola

El Sr. Gómez debió purgar dos meses de suspensión por su mal comportamiento. Los jueces fueron contundentes en su informe y el Tribunal de Penas actuó con una medida ejemplar. Pasado este tiempo, Gómez regresó a las canchas con Juan.
Antes de dar el Salto Inicial, Juan buscó a su padre con la mirada y con unos golpes de puño en su corazón apuntó a su humanidad. Desde un costado de la tribuna, Gómez recibió el saludo de su hijo y lo devolvió de la misma manera.
La bola se pone en marcha. Buen juego y mejor comportamiento.
Acordáte lo que me prometiste, viejo.
Hasta el próximo partido…