En el cielo necesitan un guerrero

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Cristian y su banda hermosa: Los lunes y jueves de básquet

Esta mañana nos enteramos de la triste noticia del fallecimiento de Cristian Llanos. Un jugador exquisito, una excelente persona a la que nunca vamos a olvidar.

El último guerrero. Qué difícil se hace escribir estas líneas. No tengo palabras. Bronca. Dolor. Admiración. Todo junto. Me pregunto y me vuelvo a preguntar por qué vos. Por qué te eligió el Flaco allá arriba. Te señaló y dijo: te quiero conmigo.

Un don especial tenés. Y me imagino, juro que tengo lágrimas en los ojos, que quería un tipo ganador. Necesitaba ese guerrero que jugara la última pelota. El último balón. Porque muchos, me incluyo, somos buenos tirando al aro. Infalibles en la línea de tres puntos. Pero en los entrenamientos. En uno que otro partido. En cambio vos, fuiste siempre determinante. Te sobró coraje en todo sentido.

CRISTIAN LLANOS V

Desde que empezaste a picar la pelota en Sayanca ya mostraste tu talento. Eras imparable. Luego, Mercado marcó tu camino para siempre. No sólo construiste los cimientos de tu carrera, fabricaste tu mejor tesoro, más allá de tu hermosa hija. Tus amigos. Esos que hoy te lloran, pero te admiran, Negro. Creéme que el Flaco desde años te quiere arriba. Pero, ni el pudo con vos. Te llamaba y vos le demostrabas que no, que querías estar acá. Fuiste un símbolo de lucha, de voluntad, de amor propio.

La última vez que te vi fue en la cantina de Talleres. Un lunes por la noche. Estabas con el zurdo Partucci y el Negro Arriagada. Me dijiste al oído, «bostero, puto. Eras crack en tu categoría. Sabés quién ganó la última Copa» Y respondí: «Yo, crack, me defendía. Vos eras un fenómeno». Y no me canso de decirlo. Fuiste el mejor jugador de la categoría 1977 que nació en Mendoza. El único que estaba a tu altura era Ale Tobares. Ambos eran estrellas, hacían lo que querían. Por algo te vio Vecchio y jugaste en la selección Nacional un campeonato Sudamericano. Son pocos los mendocinos que tienen ese privilegio. No hay muchos. Vos sos uno. Y ni hablar de las selecciones de Mendoza. Creo que desde infantiles hasta Juveniles fuiste un abonado a la Borravino.

CRISTIAN LLANOS I

 

No eramos amigos. Pero, nos teníamos un cariño grande. Un respeto mutuo. Me acabo de acordar de una, atorrante. Yo entrando a la mañana temprano a la Escuela Consolata a séptimo grado y vos, que no habías ido a la escuela (te hacías la rata), picando la pelota en el Poliguay junto a otro «delincuente»: tu amigo Juanjo Angelini. Todo el día jugando al básquet. Intentando jugadas de la NBA, saltando, volcándola. Eras insoportable. Por esta razón, la familia Llanos es sinónimo de básquet y pasión. O cuando lo encaraste al Negro Leiva, por aquel entonces año 1992, porque me había dejado a mí, afuera de una selección de Infantiles. Yo justo habia jugado contra Mercado en cadetes, una categoría más grande y había metido un par de puntitos. Me felicitaste y justo estaba el entrenador de la Selección y le dijiste que estaba loco y que veía el basquet con el poto. Te juro. Qué risa. Ni mi viejo me defendió así. Son cosas que no me olvido. Imposible olvidarme. Eras auténtico. Sincero. Un tipo noble, que hizo de su humildad y temparamento un don especial. Excepcional.

Y el Flaco de allá arriba perdía por goleada y te volvió a llamar. Te tuvo contra las cuerdas. Pero, otra vez, le dijiste que no. Que no podías irte. Sos único. Y empezaste a correr. Esos malditos tratamientos oncológicos no te vencían. Es más, te le cagabas de risa. Corrías, corrías y corrías. Te propusiste cumplir metas y lo lograste. Fuiste un orgulllo para amigos, hermanos, padres y para tu hija.

CRISTIAN LLANOS III

Recuperaste lo más lindo. Jugar al básquet con esos pibes de Mercado en San José. Era muy gracioso llamar al club de calle Bandera de los Andes para pedir la cancha, alquilarla y que te respondan: «Imposible. Vienen los Llanos a jugar todos los lunes y jueves». ¿Escuchaste? Vienen los Llanos, no los pibes ex Mercado.

Y le pusiste «huevos» y volviste a jugar. Parecías invulnerable. Una roca. Te querías quedar. Y sabés ¿por qué? Porque en tu familia se respira pasión Millonaria y junto con tus hermanos y amigos (Peluche, Zurdo, Chocolate), tuviste el placer de festejar una Sudamericana, una Libertadores, un torneo local, eliminar a Boca. Parece un dato de color y menor, pero en tu casa eso se siente fuerte y significa mucho. Y festejaste. Como lo hace todo un campeón. Fuiste un campeón de la vida.

CRISTIAN LLANOS VII

Hoy, sábado 18 de junio, lamentablemente para nosotros, el Flaco bajó decidido. Te necesita. Y te llevó. Se la peleaste de nuevo. Pero, esta vez, no hubo caso. Te cuento que el Flaco tiene un equipo de básquet y necesita ganar una final. Va perdiendo por 20 puntos. Su equipo no contagia. Y es Dios. No puede perder. El único que lo puede salvar sos vos. Quiere un guerrero. No un ángel. Un atorrante.

¿Alguién tiene dudas? Con pocos minutos en cancha, le harás cortar las redes. Me juego la cabeza. Lo harás rabiar como lo hiciste con Cachito Moyano, Rafa Mascaró, Sergio Pedemonte, entro otros entrenadores de Mendoza. Fibrón en mano, pizarra, dictarán tres o cuatro movimientos. Pero, ja ja ja, contamela. Cuando la recibas, vas a jugar el uno contra uno infernal tuyo o tirarás de tres puntos (ojo, no te enojés, el Hormiga metía más), pero sos cabezón, y la vas a meter. Y armarás una verdadera fiesta, fiel a tu costumbre.

Cristian, crack, tu corazón dejó de latir. Hoy, 18 de junio no es un día más. Estamos tristes. Pero, sabés algo, los amantes del basquet, te despedimos de pie. Y en el cielo, te reciben de pie. Muy pocos, logran dejar esas huellas que vos marcaste. Abrazo fenómeno. En la próxima americana, saco yo. Adiós campeón.

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